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Mons. Alfredo Espinoza Mateus: “We want to renew Eucharistic life in Ecuador”


Sacado de Omnes

Fecha: 8 de febrero de 2024

 Con motivo del próximo Congreso Eucarístico Internacional, que se celebrará en Quito en septiembre de este año, entrevistamos a monseñor Alfredo José Espinoza Mateus. Natural de Guayaquil, fue ordenado sacerdote en 1988 y actualmente es arzobispo de Quito y primado de Ecuador.

2024 tiene un tinte muy especial para los fieles católicos de Ecuador: Quito será la sede del 53 Congreso Eucarístico Internacional. Con este motivo, Omnes ha entrevistado al primado de Ecuador, país del que entre las razones de su elección como sede, destaca el 150 aniversario de la consagración de Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, lo que convirtió a este país en el primero en realizar esta consagración.

¿Cuál fue el motivo que llevó al Papa a elegir Quito como sede del Congreso Eucarístico Internacional (CEI)?

-Los obispos del Ecuador, en asamblea plenaria del año 2014, ratificaron la petición, hecha unos años antes, de pedir la sede del Congreso Eucarístico Internacional para el año 2024 con motivo de la celebración de los 150 años de la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Históricamente el Ecuador fue el primer país del mundo en consagrarse al Corazón de Jesús. El Santo Padre tuvo en cuenta esta celebración muy particular y lo manifestó claramente el pasado 20 de marzo del año 2021 cuando comunicó al mundo entero que el Ecuador y Quito, en particular, sería la sede del 53 Congreso Eucarístico Internacional.

Además, el Santo Padre supo manifestar claramente cuál es su deseo sobre este gran evento de la Iglesia: “En esta reunión eclesial se manifestará la fecundidad de la Eucaristía para la evangelización y la renovación de la fe en el continente latinoamericano”. Hay que recordar que después de veinte años vuelve Latinoamérica a ser sede, pues la ciudad de Guadalajara fue sede del 48 Congreso Eucarístico Internacional. Como decimos nosotros, el Congreso vuelve a tener “rostro latinoamericano”.

¿Qué beneficios anticipan en la propia diócesis a raíz de esta designación como sede del CEI? ¿En qué aspectos específicos se espera que esta decisión tenga un impacto positivo?

-El gran beneficio sin duda alguna es un beneficio pastoral. Creo yo, como me lo supo manifestar en Budapest el cardenal de Quebec, su Eminencia Gérald Lacroix, la gran riqueza que deja el congreso es el camino de preparación en la arquidiócesis. Y estamos trabajando intensamente en ello, no sólo en Quito, sino a nivel de todo el país. Queremos renovar la vida eucarística en nuestro país. Queremos también, pudiera decir, corregir errores que se dan en las celebraciones eucarísticas, buscamos profundizar en el gran amor a la Eucaristía y renovar como país y como familia ecuatoriana nuestra Consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

¿Cómo han logrado en Quito coordinar la preparación? ¿Qué consejos daría a otros países que enfrenten desafíos similares?

-El tema organizativo es complejo, no es tarea fácil. Primero me voy a referir a lo estrictamente operativo para luego entrar en detalles pastorales.

Desde un primer momento que supimos de la designación de Quito como sede del Congreso Eucarístico Internacional, comenzamos a conformar las diversas comisiones, procedí a designar un secretario general del congreso en la persona de Juan Carlos Garzón, sacerdote de la arquidiócesis de Quito, nos comunicamos con el Comité Pontificio Eucarístico Internacional, y aquí debo agradecer inmensamente el apoyo y el trabajo conjunto que hemos venido realizando con Corrado Maggioni y Vittore Boccardi, con quienes hemos tenido reuniones tanto en Roma como en Quito. También quiero destacar que venimos trabajando en conjunto con la Conferencia Episcopal del Ecuador. Soy consciente de que Quito es la sede pero estoy convencido de que es la Iglesia del Ecuador la responsable del congreso. Hemos tenido reuniones tanto con las más altas autoridades del país como de la ciudad, así como con diversas instituciones públicas para trabajar en conjunto por el éxito del congreso.

En la parte pastoral pudiera señalar muchos aspectos. Se han elaborado trípticos y dípticos para comunicar lo que es un Congreso Eucarístico. Se han elaborado varios subsidios, entre ellos puedo señalar las catequesis ¿Cómo vivir la Eucaristía?, de las que ya se han vendido cien mil ejemplares, y Eucaristía, corazón de la Iglesia. Ambos folletos contienen las catequesis eucarísticas del Papa Francisco, lo que se ha hecho es darle una metodología de reflexión. En Quito, este año en la catequesis de iniciación cristiana se trabaja el primer folleto de catequesis eucarísticas.

Un trabajo interesante ha sido la elaboración de un folleto con nueve celebraciones de adoración eucarística dirigidas especialmente para jóvenes que hemos titulado Face to face.

Está el Documento Base del Congreso con el tema Fraternidad para sanar el mundo. El camino hasta llegar al Documento Base fue largo, se conformó una Comisión Teológica y se trabajó arduamente. Se envió el trabajo a Roma, se hicieron correcciones, se volvió a estructurar. En fin, todo un trabajo, pudiera decir “artesanal”, hasta llegar a un Documento que tiene “tinte latinoamericano” que busca ser un aporte para la Iglesia universal. Se han editado dos folletos, el uno solamente con el texto completo del Documento y el otro con el Documento, además de una celebración de adoración eucarística y nueve guías de estudio para poder llegar a comprender el texto. Este proceso de adentrarse en el Documento Base será el camino del año 2024.

Otros elementos que han ayudado serían: el logo del congreso, la oración del congreso, traducida ya en varios idiomas, incluso en lengua shuar y quichua. Y destacó el concurso del himno. Ahora, el himno se canta prácticamente en las doscientas parroquias de la arquidiócesis.

No puedo dejar de señalar el trabajo que venimos realizando con la Comisión Nacional IEC 2024. Esta comisión está conformada por los delegados de las veintiséis jurisdicciones eclesiásticas del país y está presidida por Mons. Maximiliano Ordóñez, obispo auxiliar de Quito. Con ellos, difundimos el congreso y ellos son los responsables de replicar todo el trabajo, además de que tienen diversas iniciativas pastorales en sus propias jurisdicciones.

Por último, el símbolo del congreso, un gran evangeliario, nos ayuda a evangelizar. Es la Palabra de Dios que nos convoca, nos reúne alrededor de la mesa eucarística y nos invita a construir fraternidad. Ya el símbolo está recorriendo las jurisdicciones eclesiásticas del Ecuador.

¿Quiénes son los principales impulsores en su diócesis? ¿Y cuáles son las herramientas más efectivas que utilizan para asegurar la transmisión del mensaje?

-Es una misión conjunta. No digo que es un trabajo, voy más allá, hablo de una misión porque estamos en una gran misión evangelizadora en torno al Congreso Eucarístico, la misma que involucra en primer lugar a los obispos. En el caso de Quito, a los tres obispos auxiliares y a mí como arzobispo. Involucra también a los sacerdotes, religiosos y religiosas, a los catequistas, a quienes les hemos dado la responsabilidad de ser “misioneros eucarísticos”, y compromete también a los movimientos laicales, que han asumido esta tarea con muchísimo entusiasmo.

Puedo destacar varias iniciativas en las jurisdicciones. En Quito, se convocó al “Año Eucarístico”, el mismo que está abierto a muchas iniciativas pastorales que están en marcha. En la arquidiócesis de Guayaquil, el arzobispo, Luis Cabrera, acaba de abrir el “Año del Sagrado Corazón de Jesús”, pues no debemos olvidar el motivo principal que convoca el congreso, si bien todo está centrado en la Eucaristía.

Y en la arquidiócesis de Cuenca, Marcos Pérez Caicedo ha planificado la organización de un simposio titulado “María y la Eucaristía”, para el mes de mayo. Cuenca es una ciudad con un tinte mariano único. Surgen iniciativas, pero ustedes me preguntan el cómo logramos una “uniformidad”. Yo respondería más bien que buscamos una “unidad”, respetando la creatividad pastoral en las jurisdicciones eclesiásticas, en las parroquias, movimientos y demás miembros. Hay coordinación, desde la Secretaría General y desde el Comité Local IEC 2024. Desde la Comisión Nacional IEC 2024 se trabaja en lograr esta unidad, se dan directrices, se elaboran materiales y sí, no debo negarlo, se van corrigiendo errores.

¿Cuál ha sido el papel de los laicos en la organización?

-Es un trabajo conjunto. Nos involucramos todos, como dije anteriormente: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos. Tanto en el Comité Local como en las comisiones del congreso, los laicos tienen un papel protagónico. Podemos decir que “tejemos” una red de trabajo y lo hacemos con gran responsabilidad, con profundo sentido de Iglesia y con visión pastoral.

¿Qué logros o frutos pueden destacarse hasta este momento en la arquidiócesis a raíz de esta designación como sede del CEI?

-Me atrevo a decir que el principal fruto al momento es que ya se vive el congreso eucarístico en nuestra arquidiócesis. Lo hemos dicho desde hace un año, el congreso en Quito no será en el 2024, el Congreso para nuestra arquidiócesis es un “ya”, debemos vivirlo, y la preparación al mismo nos ayuda a que se viva, se celebre, se cante, se ore y se profundice la Eucaristía en el corazón de cada fiel y de cada parroquia.

¿Qué argumentos consideraría más convincentes para alentar a las personas a viajar a Quito y participar en este evento?

-El Papa Francisco, en una audiencia privada al Consejo de Presidencia de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, de la que soy vicepresidente, me supo manifestar que él quería un Congreso Eucarístico “austero pero fructífero”. Me baso en esas palabras para decir que el principal argumento sería que queremos vivir un Congreso “fructífero”, que nos ayude a reflexionar, celebrar y profundizar en nuestras vidas de cristianos, la centralidad de la Eucarística y a asumir el compromiso de una “fraternidad para sanar el mundo”.

Todo Congreso Eucarístico tiene su estructura o su dinámica, para ser más exacto. En el simposio queremos proponer una visión más real y pastoral, queremos partir de una reflexión de la fraternidad desde siete ópticas distintas: política, mundo indígena, economía, filosofía, educación y otras.

Algo que debo destacar es que desde un primer momento no hemos querido, y no lo será, un congreso “clericalizado”. Y, como nos dijo el cardenal Mario Grech, “el Congreso Eucarístico es la Vigilia del Sínodo”. Recordemos que se dará un mes antes, o menos, de la instalación de la segunda sesión del Sínodo de la Sinodalidad. Por este motivo, queremos que las catequesis de los cinco días sean dadas por representantes del Pueblo de Dios: una religiosa, un laico, un sacerdote, un Cardenal y un obispo que tenga relación con la realidad amazónica. Además, estamos buscando laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, indígenas, para los diversos testimonios que se tendrán en el Congreso.

¿Qué experiencias podrían esperar quienes asistan a esta ocasión especial en la nueva sede del CEI?

-Les diría que pueden esperar una gran acogida, un ambiente de alegría, la riqueza de la vivencia de un pueblo que ama a Dios, vive la Eucaristía y manifiesta su fe, que pide la bendición, un signo característico de nuestro pueblo. Puede esperar la diversidad cultural y un folklor único, y algo que no lo tiene nadie, Quito es “La Mitad del Mundo”, el congreso se realiza en la latitud cero del mundo, y desde aquí, para el mundo entero, queremos abrir desde ya nuestras manos y nuestro corazón. ¡Los esperamos!

 

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